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domingo, 25 de mayo de 2008

Cuatro. René, el hombre súper patético.

Miguel es un idiota
En realidad lo es, el café no solo le provocó agruras también insomnio. No durmió durante toda la noche, pero no le molesto, tenia día libre y ocupo la noche pensando en mil y un tonterías (un hijo plateado)
Durante unas horas todo fue felicidad, René sintió que volvió a nacer, pero todo cambio en la madrugada, cuando la luna después de 15 minutos de ausencia detrás de una nube, volvió a aparecer y trajo dudad consigo.
¿Qué le ofreces a Ana? estas deshecho, no hablas con nadie, por dios, ¡discutes contigo mismo!
Todo se ensombreció casi pudo sentir que hasta la luna se apago, intento ser un poco mas realista dejando de lado a Ana, por que inconscientemente sabia que todo era una farsa bien planeada para intentar salir del hoyo en el que estaba.
René se había convertido en un loco fachoso, todo en casa estaba mal, a diferencia de cómo estaba cuando Ana vivía, el refrigerador ya no enfriaba, solo servia para guardar latas de comida por que la alacena ahora estaba ocupada por ropa que no cabía en el ropero, al morir Ana extrañamente la ropa dejo de estar limpia y René tubo que comprar ropa nueva a cada cambio.
La lavadora tiene demasiados botones y perillas.
René descubrió un lugar “mágico” llamado lavandería, aunque un poco tarde, cuando la ropa era excesiva y un ropero ya no fue suficiente.
Ana huiría, si me viera ahora
Pero dejando aun mas de lado a Ana, René se había convertido en un antisocial, nunca hablaba, solo en su trabajo, en el que siempre se limitaba a un si o un no, y muy forzadamente (con el jefe cara a cara) algunas oraciones de no mas de 3 palabras.
Aunque el simple hecho de mantener peleas con uno mismo era motivo de miedo.
Miguel había sido el único en intentar mantener una conversación con René, aunque nunca ha logrado arrancarle ni siquiera un si.
Pero... Miguel es mi amigo ¿no?
No podía creer que no tenia siquiera un amigo. Su vida es triste.
No te engañes. Es lo único que has hecho desde que ella murió. Tu vida es tonta y si yo fuera tú, no volvería a ese parque por que seria aun más patético que, sabiendo que esa luz es solo una luz, tú vallas en busca de alguien que ya murió.
No pudo llorar, por que todo eso que el mismo se decía era cierto. Se había convertido en el hombre mas patético del mundo, su obsesión lo dejo mudo, lo cegó a un astro, y ensordeció sus oídos a la vida para solo obedecer ordenes de oficina.
Solo tenia dos opciones, la primera: empezar a abrirse a la vida o…
Estoy seguro de que es ella, es Ana, esa luz, mi sueño, no puede significar otra cosa.
René volvió a dormir feliz con su Ana plateada en su futuro.

jueves, 22 de mayo de 2008

Tres. Obsesión

Ya no la quiere.
Ya no siente lo que sentía, ya no quiere abrasarla, ya no quiere besarla, ya olvidó como besar.
Ve todas las noches su luna, pero en ella ve a Ana, y solo quiere tenerla, no le importa abrazarla, solo tenerla, sería suficiente.
Es su obsesión, Ana y la Luna, para el son una misma. La Luna y Ana, en una oración no estaban la una sin la otra.
Ya no la amaba. ¿Qué es amor? ¿Lo que sintió era amor?
Quiero morir, esta noche, iré a Ana la Luna
Ya era noche, y caminaba en la oscuridad, pasaba por una tétrica plaza con árboles secos muy oscuro. Tomo asiento en una banca, nunca pasaba por ese lugar, pero le recordó el sueño de hace unos días, muy estupidamente esperaba que apareciera Ana con su brillo lunar, se sentía aun mas tonto por que sabia que no iba a suceder.
Entonces por que la esperas.
Se quería marchar pero ¿y si por alguna extraña razón Ana aparecía?
Pero no va a pasar, mejor hay que irnos.
Sentía como si se estrujara a si mismo por dentro, una parte se quería marchar y otra se negaba.
Una luz apareció entre los troncos de los árboles secos, René quiso no estar ahí, era un brillo plateado que se acercaba, no lo creía, se puso de pie y se marcho.
Era ella, en realidad era ella, con su platinado brillo. ¿Pero por que no la esperas? ¿No era eso lo que querías?
Iba casi corriendo, su casa quedaba cerca del lugar. Llego a su casa y se fue directo a preparar su café.
Miguel siempre dice que con un café se le quitan los nervios.
El agua casi hervía, René estaba en el ventanal mirando su Luna, estaba contento pero nervioso, se sonrojó como si la luna le hubiera coqueteado.
Se tomo el café muy cargado, mientras se lo tomaba pensaba en muchas cosas, planeo ir al día siguiente, también planeo no quedarse, solo quería ver que pasara otra vez, para cerciorarse de que no fue producto de su mente. Pensó en lo que le diría el día que se atreviera a quedarse. Pensó en como seria su vida con la nueva Ana plateada.
Extrañamente nunca pensó en que le diría la gente, ¿y si era un fantasma? Pero no tenia tiempo para pensar en tantas cosas. Era tanta su obsesión que no le importaba lo tonto que sonara, solo pensaba en tener a Ana, solo tenerla, ya la amo en soledad por mucho tiempo. Que extraña obsesión.


domingo, 18 de mayo de 2008

Dos. René mirando la luna

Ya era de noche, y como había sucedido las dos noches anteriores, no estaba ahí, su luna no estaba ahí.

Son las nubes, se decía, y eran las nubes las que se apoderaba del cielo, pero ya eran tres días, eran demasiados, le preocupaba.

Pero ¿y la promesa?, se dijo otra vez, no podía soportar la idea de romper su promesa.

Seguía caminado por las calles aun no pavimentadas de su barrio, apresuro el paso, pero ya no miraba al cielo, ya no, estaba enojado con el mismo y con las nubes, que no le dejaban ver su luna.

Llego a su casa y como de costumbre no había nadie,

Vives solo.

No sabia por que a pesar de llevar dos años viviendo solo, al entrar a su casa, aun tenia la esperanza de encontrar a alguien.

Busco en todos los cuartos, sabia que no encontraría a nadie, pero su obsesión le impedía hacer otra cosa que no fuera eso.

Quiero café, fue a la cocina, tomo el ya muy quemado vaso de aluminio, lo lleno de agua y prendió la estufa, el agua hirvió, preparo su café, me gusta muy cargado, lo decía como si hablara con alguien.

Tal vez no se daba cuenta de que hablaba solo y con su propia mente, ya eran dos años de la misma rutina, buscar, preparar café, luego sentarse a oler el café, nunca se lo bebía, solo disfrutaba el olor, como si fuera la primera vez que lo hiciera, la diferencia a los otros días era que no podía contemplar su luna por el ventanal, odiaba ese tipo de días, los días en que las nubes invaden el cielo.

Esperó, tenia esperanza en que el viento disolviera las nubes, y entonces, según el, ahí estaría su luna.

Se imagino de todo un poco, de Ana, de lo feliz que serian si ella estuviera viva, de lo feliz que serian si los dos hubieran muerto, de lo feliz o infelices que serian si no se hubieran conocido, ¿ella estaría viva si no nos hubiéramos conocido?, y se respondió: haberla conocido fue todo para mi, preferiría conocerla otra vez aunque supiera que va a morir, a no haberla conocido jamás.

Quería dormir pero el olor del café no se lo permitía; el tiempo seguía pasando y las nubes solo habían dejado ver el borroso deslumbre plateado de la luna.

Ana amaba observar la luna, le fascinaba. En los cuatro años de noviazgo con René y previos a su muerte, René nunca termino de entender la obsesión de Ana por la luna, hasta el día de la muerte de Ana, en que ella le hizo jurar que todos los días vería la luna, Ana le dijo, ¿sabes que es lo mejor de esto de la muerte?, en ese momento los ojos de René se llenaron de lagrimas, peor no dijo nada, solo apretó mas la mano de Ana, es que yo no voy a ir al cielo, voy a ir a la luna, prométeme que siempre verás la luna, René intento comprenderla, pero no pudo, no digas eso, dijo con un nudo en la garganta, intenta descansar, Ana cerro los ojos, pero prométeme que la verás, René miraba por la ventana del hospital comenzó a llorar, intentando no ser delatado por su voz le contesto, si amor lo que tu quieras.

Ana murió después de cerrar la promesa con René, el solo vio a los doctores llegar a la sala, una enfermera le pidió que abandonara la sala, y lo siguiente fue un hicimos todo lo que se pudo, desde entonces por dos años René había contemplado la luna todos y cada uno de los días después de la muerte de Ana, algunos días la luna lucía perfecta, pero otros días, como ese día, las nubes impedían la visibilidad de su luna.

Quería llorar pero no podía, le había llorado los mismos días que había visto la luna, también sin falta, pero ese día ya no pudo.

Una bella Ana de un brillante color plateado, caminaba en un parque en una oscura noche, se dirigía a una banca que ya estaba ocupada por una persona, Ana tomo asiento sin que el ocupante de la banca se diera cuenta. Ana cabizbaja miraba sus plateadas manos, pero eso no parecía sorprenderle, ¿y como van las cosas? Le pregunto Ana a un René que tampoco parecía extrañado por el plateado deslumbre de Ana, bien, le mintió.

El olor del café lo despertó, estaba recostado sobre la mesa, con el café a un lado, había soñado a Ana por primera vez en dos años, se sentía en blanco, ¿por que actuó tan indiferente con Ana en su sueño? Miró la luna, pero el cielo aun estaba nublado, ¿que hora es? Miro su reloj y eran las cinco con diez de la madrugada.

Tenía que trabajar ese día mas tarde, hecho un último vistazo a la luna y se conformo con el borroso brillo que las nubes dejaban ver, se marcho a su cama y se durmió.

viernes, 16 de mayo de 2008

uno

Bienvenidos a este mi nuevo blog, si buscan tonterías como en el otro alomejor no encuentran. Aquí puro texto imitación barata de arte.
Por ahí me recomendaron que dijera: si vas a usar algo de este blog avísame y/o pídeme permiso, no creo que de respuesta tengas un NO, solo dame créditos =), ahí esta mi correo, nada te cuesta mandarme un e-mail.